Madrid Guia de la Ciudad
Madrid es la capital de nuestro país y de la Comunidad de Madrid, que es uniprovincial. También conocida como La Villa y Corte, es la localidad mayor y habitada del país, alcanzando oficialmente los 3.213.271 personas registradas en su municipio, mientras que la cifra oficiosa del padrón a 1 de enero de 2009 es de 3.273.006 según el ayuntamiento y 6.043.031 en su área metropolitana, siendo debido a ello la tercera localidad más habitada de la Unión Europea —por detrás de Berlín y Londres— y la tercera área metropolitana, por detrás de las de París y Londres.
Como capital de la Nación, Madrid alberga las sedes del Gobierno, Cortes Generales, Ministerios, Instituciones y Organismos asociados, así como la residencia oficial de los reyes de nuestro país. En el plano económico y financiero, Madrid es la cuarta localidad más rica de Europa, tras Londres, París y Moscú. Es el principal centro financiero y empresarial de nuestro país, actualmente, el 50,1% de los ingresos de las 5.000 principales empresas españolas son generados por sociedades con sede social en Madrid, las cuales representan el 31,8% de ellas. Es sede del principal mercado de valores del país, de numerosas empresas nacionales y de algunas de las mayors corporaciones del mundo. En el plano internacional, acoge la sede mundial de la Organización Mundial del Turismo, la sede de la Secretaría General Iberoamericana, y la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. También alberga las principales instituciones internacionales reguladores y difusoras del idioma español: la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, la sede de la Real Academia Española y la sede central del Instituto Cervantes. Madrid organiza ferias como FITUR, Madrid Fusión, ARCO, SIMO TCI, el Salón del Automóvil y la Cibeles Madrid Fashion Week. Es un influyente centro cultural y cuenta con museos de referencia internacional entre los que destacan el Museo del Prado, sin duda uno de los más destacables del mundo, el Thyssen-Bornemisza y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Surgida a partir del asentamiento fortificado hispanomusulmán de Maǧrīţ, conquistado por Alfonso VI de León y Castilla en 1083, la villa fue designada en 1561 como sede de la corte de Felipe II, siendo la primera capital permanente de la monarquía española. Desde ese momento, salvo un breve intervalo de tiempo entre 1601 y 1606 en el que la capitalidad pasó temporalmente a Valladolid, Madrid ha sido la capital de nuestro país y sede del Gobierno de la Nación.
La capitalidad, con sus obvios efectos espaciales, funcionales y fisionómicos, representa el hecho diferencial de Madrid en relación con el resto de localidades españolas, lo que, no obstante, la acerca a otras capitales europeas, como París, Londres o Berlín. Es obvio que el devenir de la localidad y su conversión en una gran metrópolis está indisolublemente unido a la institución de la capitalidad, pero, además de sus consecuencias metropolitanas, el hecho confiere un carácter distintivo a la localidad, que la hace diferente al que poseen otras grandes localidades no capitales.
A pesar de que desde 1561 el establecimiento de manera permanente de la Corte en Madrid otorgara a la Villa la condición de capital, el reconocimiento jurídico de la función de capitalidad hubo de esperar más tiempo. Hasta 1931, con el advenimiento de la Segunda República Española, no se oficializa constitucionalmente este hecho, posteriormente también sancionado en la Constitución de 1978. Sin embargo, no fue hasta 2006 cuando se promulgó una ley, la Ley de Capitalidad y Régimen Especial de Madrid, por la que el Parlamento desarrolló legislativamente las consecuencias de este hecho diferencial.
Los símbolos de la villa de Madrid son la bandera carmesí propia de los ayuntamientos castellanos y el escudo tradicional con el oso y el madroño, tocado con corona real antigua, según el actual reglamento de Protocolo y Ceremonial del Ayuntamiento de Madrid.
En 2004 la corporación municipal adoptó un logotipo basado en el escudo de la villa, en línea de color azul claro, que es utilizado en los documentos internos y de comunicación externa.
El primer nombre documentado es el que tuvo en época andalusí, مجريط Maǧrīţ, que dio en castellano antiguo Magerit )(ŷ y ǧ son dos formas de representar el mismo sonido)(del latín -etum que indica abundancia. Sin embargo, en fecha más reciente, el arabista y lingüista Federico Corriente apunta que Maǧrīţ no es en realidad más que la arabización fonética de Matrich, con metátesis de ǧ y ţ y no se relaciona con la palabra árabe maǧra, posibilidad que ya apuntó Oliver Asín pero que descartó por razones no exclusivamente lingüísticas. Ésta es la opinión también del filólogo Joan Corominas
A pesar de que no se han encontrado restos fósiles humanos, sí se ha hallado gran variedad de útiles, especialmente en el entorno de Arganda del Rey y del Manzanares, que permiten probar la existencia de asentamientos humanos en las terrazas del río en el lugar que hoy ocupa la localidad.
La conquista y colonización por Roma de lo que hoy forma la Península Ibérica, llevada a cabo inicialmente como maniobra militar romana en su larga serie de guerras con Cartago, dura casi 200 años, desde la Segunda Guerra Púnica hasta el 27 a. C. en el que completan la pacificación del norte del territorio y lo dividen en tres provincias. La región que actualmente ocupa Madrid se situaría en la Tarraconense.
Aunque es posible que durante el periodo romano el territorio de Madrid no representase más que una región rural, beneficiada por la situación de cruce de trayectos y la riqueza natural, el hallazgo de los restos de una basílica del periodo hispano-visigodo en el entorno de la iglesia de Santa María de la Almudena ha sido presentado como una evidencia de la existencia de un asentamiento urbano en ese periodo. Otras muestras arqueológicas de la presencia de una población estable en Madrid se hayan en los restos de dos necrópolis visigodas, una en la antigua colonia del Conde de Vallellano —paseo de Extremadura, junto a la Casa de Campo— y otra en Tetuán de las Victorias. Dentro del casco medieval, se encontró una lápida bastante deteriorada con la leyenda «MIN.N. BOKATUS. INDIGNVS. PRS. IMO / ET TERTIO. REGNO. DOMNO. RVD. / MI. REGVM. ERA DCCXXXV», nunca completada e interpretada de formas algunas, pero que podría indicar la presencia de población estable ya en el siglo VII.
Una de las primeras constancia histórica de la existencia de un asentamiento estable data de la época musulmana. En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba Muhammad I construye una fortaleza en un promontorio junto al río con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolla, hacia el sur, el habitado. Esta población recibe el nombre de Maǧrīţ, que parece ser una arabización del nombre romance Matrice, «matriz», en alusión a un arroyo de ese nombre que cruzaba la primitiva localidad. De los diversos trabajos arqueológicos desarrollados en la localidad desde mediados del siglo XIX en adelante, han hallado restos como: la muralla árabe de la Cuesta de la Vega, la atalaya de la Plaza de Oriente y los vestigios de un viaje de agua de la Plaza de los Carros. En el Madrid árabe, nació en el siglo X Maslama al-Mayriti, llamado «el Euclides andalusí», notable astrónomo y fundador de una escuela matemática en Córdoba.
Con la caída del reino taifa de Toledo en posesión de Alfonso VI de León y Castilla, la localidad fue tomada por las fuerzas cristianas en 1085 sin resistencia, posiblemente mediante capitulación. La localidad y su alfoz quedaron integrados en el reino de Castilla como territorios de realengo. Los cristianos sustituyen a los musulmanes en la ocupación de la parte central de la localidad, quedando los barrios periféricos o arrabales, que en el periodo anterior eran habitados por una comunidad mozárabe, como morería. También hubo una judería en el entorno del que sería más tarde barrio de Lavapiés. Durante el siguiente siglo, Madrid continúa recibiendo embates de los nuevos poderes musulmanes de la península, los almorávides, que incendian la localidad en 1109 y los almohades, que la someten a sitio en 1197. La victoria cristiana de Las Navas de Tolosa distancia definitivamente la influencia musulmana del centro de la península.
De esta época proceden dos destacados hechos religiosos que marcan el desarrollo de la personalidad del cristianismo popular de Madrid: el «descubrimiento» de la imagen de la Virgen de la Almudena y la "milagrosa" vida de Isidro Labrador, que más tarde sería canonizado. La localidad va prosperando y recibe el título de villa en 1123. Siguiendo el esquema rehabitador habitual en Castilla, Madrid se representa en concejo, cabeza de una comunidad de villa y tierra, la comunidad de villa y tierra de Madrid. El gobierno de la localidad recae en todos los madrileños con el rango de vecinos, reunidos en concejo abierto hasta que en 1346, el rey Alfonso XI implanta el regimiento, en el cual ya sólo representantes de la oligarquía local, los regidores, gobiernan la localidad. En 1152, el rey Alfonso VII estableció los límites de la comunidad de villa y tierra, entre los ríos Guadarrama y Jarama. En 1188, una representación de Madrid participa por primera vez en las Cortes de Castilla. En 1202, Alfonso VIII le otorgó su primer fuero municipal, que regulaba el funcionamiento del concejo, y cuyas competencias fueron ampliadas en 1222 por Fernando III el Santo.
A pesar del apoyo madrileño a Pedro I, posteriormente los soberanos de la casa de Trastámara residirían con frecuencia en la villa debido a la abundancia y calidad de sus cotos de caza, a la que son muy aficionados. Antes incluso, ya el libro de Montería de Alfonso XI anotaba: «Madrid, un buen lugar de puerco y oso», y posiblemente de esa característica derivaba el escudo que las huestes madrileñas llevaron a la batalla de las Navas de Tolosa. Posteriormente, un prolongado pleito entre el Ayuntamiento y la Iglesia, acabó con un acuerdo de reparto de pastos para ésta y pies de árbol para aquél, con lo que un árbol fue incorporado al escudo junto al oso u osa y las siete estrellas de la constelación del mismo nombre. La identificación del árbol con el madroño es más oscura, más allá de la homofonía con el nombre de la localidad. Es habitual llamar a Madrid la localidad del oso y el madroño.
En la Guerra de las Comunidades, a la cabeza de su regidor Juan de Zapata, Madrid se une a la sublevación contra Carlos I pero tras la derrota de los comuneros en Villalar, la villa es asediada y ocupada por las tropas reales. A pesar de todo ello, el sucesor de Carlos I, Felipe II decide instalar la corte en Madrid en 1561. Este hecho sería decisivo para la evolución de la localidad y haría que los avatares del país y la monarquía, en mayor o menor medida, influyeran en el destino de la localidad. Salvo un breve periodo entre 1601 y 1606 en que la corte se traslada a Valladolid, la capitalidad será consustancial a Madrid desde entonces. Una famosa expresión indicaba esa identidad: «sólo Madrid es corte», lo que, de forma conceptista, también se entendía al revés: «Madrid es sólo corte».
Con el establecimiento de la corte en Madrid, su población empieza a crecer de forma significativa. A la burocracia real, a los miembros de la corte y todas las personas necesarias para su sustento, se unen desheredados y buscavidas de todo el Imperio español. En 1625, Felipe IV derriba la muralla de la localidad, ya sobrepasada y edifica la que será la última cerca de Madrid. Esta cerca, construida exclusivamente por razones fiscales bordeará el crecimiento de la localidad hasta el siglo XIX. Las tareas de gobierno se centralizan en el Alcázar Real, conjunto de edificaciones situadas en los terrenos que más adelante ocuparán el Palacio Real y la Plaza de Oriente. Paralelamente, se aumentan la superficie de otro palacio en el extremo este de la localidad, más allá de la cerca. Se trata del Palacio del Buen Retiro, empezado a construir por los Reyes Católicos, del que se conservan sus jardines, el Salón del Reino y el Salón de Baile, conocido, este último, como el Casón del Buen Retiro y utilizado por el Museo del Prado.
El cambio de dinastía traería cambios destacables para la localidad. Los monarcas de la nueva dinastía la encontraron como una población oscura, de calles angostas, masificada, sin sistemas de alcantarillado y pestilente. Los Borbones se plantean la necesidad de equiparar Madrid a otras capitales europeas. El incendio del Alcázar Real en 1734 dio lugar a la construcción del Palacio Real. Las obras duraron hasta 1755 y no fue ocupado hasta el reinado de Carlos III. Puentes, hospitales, parques, fuentes, edificios para el uso científico, ordenanzas de alcantarillado y otras actuaciones fueron promovidas por este último monarca,, con la colaboración de arquitectos y urbanistas de gran categoría profesional y artística: Francesco Sabatini, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva entre otros.
El proyecto del Salón del Prado, en las afueras de la localidad, entre el conjunto del Buen Retiro y la cerca, es posiblemente el más destacable y el que ha dejado una herencia más destacable a la localidad: los paseos del Prado y Recoletos, las fuentes de Neptuno, Cibeles y Apolo, el Real Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico o el Gabinete de Historia Natural que más tarde se convertiría en el Museo del Prado. Sin embargo, no siempre la relación del «rey alcalde» con sus súbditos-vecinos fue buena: algunas medidas de su programa de modernización fueron contestadas de manera violenta durante el motín de Esquilache de 1766 aunque en el cual, confluyeron además causas más complejas.
Si quieres conocer más acerca de Madrid. Explora la region
